Si las empresas no venden. Tiene sentido hablar de reforma laboral?
El sector productivo de Argentina sufre las consecuencias de un esquema macroeconómico complejo e incierto. Caída de ventas, desplome del consumo y pérdidas millonarias ¿Hay una salida posible?
📅 18/02/2026
✍️ Por Johan Talarico
En la actualidad, el sector productivo de Argentina sufre las enormes consecuencias de un esquema macroeconómico complejo y, como se habla puertas para adentro, muy incierto. Caída del consumo, desplome de las ventas, inflación y el patrimonio de las empresas en riesgo. Ante este panorama ¿Tiene sentido alguno de que el gobierno ponga sobre la mesa el proyecto de reforma laboral? ¿Hay ganadores y perdedores en tanto y cuanto esta ley tenga efecto en el sistema laboral de nuestro país? Y la verdad marca que, en estos momentos, todos están pagando el precio de la derrota: el capital y el trabajo. Pérdidas millonarias, pymes en quiebra por falta de liquidez, incertidumbre ante la falta de un plan económico serio, claro, conciso y con un horizonte. En la misma línea, la apertura indiscriminada de las importaciones y la imposibilidad de competir con productos extranjeros (fabricados todos ellos a un menor costo que los nacionales) coloca en una posición muy difícil a toda la industria argentina, una crisis que no entiende de rubros, sectores, actividades ni áreas. Desde la más grande a la más pequeña. A todas les toca afrontar una situación dura y con pocas salidas buenas.
Desde el oficialismo, muy seguros de sus declaraciones, manifiestan que el problema de las empresas son las altas cargas sociales, las indemnizaciones, los “supuestos” juicios laborales y la “excesiva” presión tributaria. En Argentina, según los datos duros, el 45 por ciento de la economía transita el camino de la informalidad y la precarización, la famosa “economía en negro”. Ello, claro está, va en detrimento de la cantidad de trabajadores registrados, que viene en descenso. Dicho en otras palabras, cada vez son menos los que aportan.
En síntesis, las estadísticas matan los relatos. Trabajadores y empresarios, dentro del mismo sistema, encerrados en un panorama que atraviesa a ambas partes. Soluciones hay miles, el tema es saber si está la voluntad de revertir el asunto. Mientras tanto, es la realidad la que supera a la ficción.
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